DESDE LA OSCURIDAD | ATTICUS |05.02.2019 | El último cineasta clásico que nos queda, Clint Eastwood, acaba de presentar en sociedad en España su última película, 'Invictus', un retrato sobre la reconciliación de la Sudáfrica post apartheid labrada en la mente de un prisionero político durante 27 años y convertida en cemento durante un partido de rugby. Lo primero que se me ocurre cuando acabo de ver la película (me la han pasado bajada de Internet. No siempre se pueden pagar 8 euros por ir al cine) es que al bueno de Clint le han hecho un lío con el montaje.
Echo de menos más información sobre Mandela, sus relaciones personales, lo que ocurrió en los años que pasaron desde que fue elegido presidente hasta que Sudáfrica ganó a Francia el campeonato del mundo de rugby, un poquito más de interés sobre el personaje que interpreta Matt Damon, etc.
La película tiene momentos de gran emoción (tremenda la relación entre los guardaespaldas negros con sus compañeros blancos que unos años antes se dedicaban a masacrarlos en sus ratos libres y horas de trabajo, ciertos momentos del gran partido, la entrañable relación entre Mandela-Freeman con su secretaria) pero uno (o al menos yo) no puede evitar tener la sensación de que algún ejecutivo recién salido de Harvard y sin haber visto un película de Howard Hawks en su vida le dijo al viejo Clint que el montaje presentado originalmente no era viable, según ciertas estadísticas de la caza de ciervos en Connecticut cruzadas con los litros de Coca-Cola consumidos en el último año. Y Eastwood, en lugar de darle alguna réplica digna del sargento de artillería Highway, picó. Con media hora más de extensión desarrollando ciertos aspectos que se pasean sutilmente por la pantalla, Eastwood hubiera firmado una obra maestra.
En cuanto al reparto, Freeman cumple con creces con el papel. Su Mandela es serio, profundo, místico, una especie de Gandhi con problema de pigmentación. Se nota que se ha trabajado el papel y tiene muchas papeletas para hacerse con el Oscar (con permiso de George Clooney). Mat Dammon, que está un poco fondón, aporta dignidad y respeto en su calidad de cómplice deportivo-político de presidente de su país. Sin duda es un buen actor que siempre hace creíble lo que interpreta.
Vayan a verla, pero no se asusten si salen del cine con cierto regusto amargo. Nos pasa a todos. Clint no siempre nos alegra el día.