DESDE LA OSCURIDAD | ATTICUS |18.02.2009 'El desafío. Frost contra Nixon' es la última película de Ron Howard que llega a nuestras pantallas tras perpetrar 'El Código da Vinci'. Howard, que no es la primera vez que acude a un hecho real para dirigir una película (ahí están, por ejemplo, 'Una mente maravillosa' o 'Apollo XIII').opta en esta ocasión por un argumento relativamente desconocido para el público español: las entrevistas que el presentador británico David Frost realizó al ex presidente estadounidense Richard Nixon a los pocos meses de dimitir por el 'caso Watergate' y en las que reconoció indirectamente su implicación en el espionaje al Partido Demócrata.
El soporte teórico es la obra de teatro que Peter Morgan realizó hace una década sobre el enfrentamiento entre ambos personajes y que llegó a estrenarse en las tablas londinenses por la misma pareja que la ha llevado al cine: Frank Langella (impresionante caracterización de Nixon y serio candidato al Oscar) y Michael Sheen (recientemente visto como Tony Blair en 'The Queen' de Stephen Frears, y que actualmente rueda 'Alicia en el País de las Maravillas' de Tim Burton).
Como nobleza obliga, lo primero que hay que decir es que absténgase de ir a ver la película quienes pasen olímpicamente del Watergate, no ejerzan la noble profesión del periodismo y no sientan la más mínima curiosidad por los entresijos del poder y los 'fontaneros' que se esconden detrás de los "grandes hombres" y a quienes realizan su trabajo sucio. El primer tercio de la película nos muestra como Frost (lo que ahora podría ser una especie de Ana Rosa Quintana a la española) pone todo su empeño en entrevistar a Nixon cuando descubre los altos índices de audiencia que ha provocado su discurso de dimisión.
Amparado por sus ayudantes (Sam Rockwell, el adicto al sexo de 'Asfixia' y Oliver Platt, al que hace mucho que no veíamos) se embarca en la tarea de entrevistar a Nixon y sacarle alguna confesión jugosa. Éste, confiado en la aparente debilidad de su oponente, accede (después de recibir como pago una cuantiosa suma de dinero) y será su perdición. La famosa entrevista, dividida en tres actos, es un auténtico combate de boxeo entre un pugil que se lo ha jugado todo (Frost) y un hombre que no sabe porqué la gente no le quiere (Nixon).
Los mejores momentos son durante la entrevista. Langella sería un digno ganador del Oscar al que está nominado, mientras que Sheen da una lección sobre como un periodista sabe y debe aguantar la presión. Precisamente la mayor virtud de la película puede que también sea su mayor defecto. Un hecho relativamente desconocido en España (la entrevista) y que no ha sido bendecido con el toque edulcorante habitual de Howard puede que no sea el mayor gancho para atraer al público a las salas.
No obstante, la película está rodada con clase y estilo. El guión, autor del propio Morgan, es sólido y no tiene ningún altibajo, y el que tenga cierto toque documental ayuda a que el espectador olvide que asiste a un combate de boxeo sino a una entrevista.
La película merece ser vista, aunque solo sea para ver a Langella haciendo de Nixon. Sin duda, el actor y el ex presidente son (o eran) unos titanes.