CORAZON VINAGRE | BARBARA VIDAL | 19.03.2009 Heliogábalo fue uno de los más sádicos emperadores de Roma, que arrancaba el miembro a los efebos más bellos y bebía su sangre, y que se enamoró de un esclavo con gigantismo al que quería desposar para convertirse él mismo en sumisa emperatriz...
CORAZON VINAGRE | BARBARA VIDAL | 19.02.2009 En Hungría todo es agua, agua que nace de los surcos entre el maíz, de los campos de trigo, de los bosques de acacias y sube por los troncos de los ciruelos y por las ramas de los nogales y salta en vertical infinito hacia el cielo. Por eso, aquí los caracoles son gordos como melocotones y crecen las plantas de pimientos hasta en la vereda de las carreteras. Por eso, aquí beben vino.
CORAZON VINAGRE | BARBARA VIDAL | 16.01.2009 Ya vivimos en el futuro, año 2009 de nuestra era. Un escenario remoto para Stanley Kubrick que planeó su Odisea en un ya vintage 2001, y a sólo diez años del pervertido porvenir de Blade Runner. “Hoy” es una realidad virtual en la que los bares de oxígeno y los robots ultra-humanos se codean con los braseros eléctricos de muchas casas de Las Alpujarras. En esta bipolaridad, celebramos a mesa puesta el centenario del Movimiento Futurista y de su curioso concepto de la cocina.
CORAZÓN VINAGRE | BÁRBARA VIDAL | 20.12.2008 Estaba en Viena y el cielo ser vertía en nubes preñadas de argenta. Me dejaba guiar por un perro que olía a humo de hoguera y me empujaba con el hocico hacia calles que llevaban mi nombre. Un puzzle de colores en el suelo se levantó 137 metros y se convirtió en la Catedral de San Esteban, un arbotante me señaló amable la casa en la que vivía Mozart.
CORAZÓN VINAGRE | BARBARA VIDAL | 10.12.2008 ¿A qué saben los Risketos? Porque no saben a queso ni de coña y a maiz mucho menos pero ¿y lo buenos que están?... que empiezas a comer y siempre quieres más y acabas con los dedos arrugados y pringosos de esas migas naranja y hurgas en las esquinas de la bolsa en busca de la última porción de ambrosía sintética. Pues los Risketos saben a umami, el quinto sabor, el sabor del glutamato monosódico.
Bárbara Vidal
Nací el primer día del mes de septiembre de 1978, a los pies del Castillo de Santa Bárbara, en Alicante.
Dice mi madre que la noche antes, en el cine de verano, le di una patada definitiva cuando mordió su ladrillo de palomitas con caramelo... y supo que yo nacería pronto.
Pasé los primeros años de vida en la marmita gigante de la cocina del mejor chef del mundo, mi padre, y allí aprendí a hablar.
Estudié Sociología porque quería saberlo todo sobre la gente y, años después, estudié Periodismo porque hay mucha gente que cree saberlo todo y no me fiaba.
Pinto por devoción al color y a la luz. Cocino porque ya se me hacía la boca agua cuando Zipi y Zape comían bocadillos de chocolate o cuando Carpanta conseguía un pollo asado, porque mi abuela preparaba rosquillas que me hacían feliz, porque me parece alquimia milagrosa el confitar un bacalao en su punto y porque me emociono al pensar en una mousse de boletus con huevo escalfado y trufa Blanca de Alba. Y mi bebida favorita es el agua del mar.