Youthanasia

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DANIELFERNÁNDEZ
Discos que me llevaría a una isla desierta | 26.11.2009 |
Alguno se habrá preguntado por qué un disco gusta mucho en un momento determinado y con el tiempo se hace infumable, quizás para volver a gustar años después. Qué proceso lógico o psicológico hace que una obra maestra se vuelva una mierda para ser un disco pasable  y acabar poniéndotelo para olvidar que  tu mujer se ha quedado con el piso o que el jodido crio no aprueba ni el recreo. Y no hablo ya de errores de juventud. Todos hemos escuchado la típica música comercial simplona, ya fuese el Dúo Dinámico o David Bisbal, o peor, aquellos que nos las hemos dado de entendidos y contraculturales, la música llamada transgresora; los infames Ramones, Sex Pistols, Reincidentes, Nirvana, que tantas crisis nerviosas ha provocado entre los profesores de guitarra que inútilmente trataban de explicar quién fue Ritchie Blackmoore (y digo fue porque hoy es pa echarle de comer aparte) y un larguísimo etcétera hasta llegar a Pink Floyd. Si señores, Pink Floyd. Alguien se ha preguntado por qué Pink Floyd siguen siendo considerados maestros  40 años después de meterse en las mentes de una generación entripada y fumada? Pues a mí me da que esa generación lleva sin escucharlos activamente el mismo tiempo que llevan si meterse ácido. Y no digo que no tuviesen sus cosillas, ahí está “Shine on, you crazy diamond”, pero googleen “Astronomy domine” en el Beat Club, en el 67, con Syd Barrett gritando Uuuhh, Uuhh y se darán cuenta de que tanta psicodelia resulta tan innecesaria como el flequillo de Joey Ramone o Syd Vicious (todo él).

 Pero… a qué viene todo esto? El caso es que pensando cómo llamar a esta sección, recordé lo que llevo diciendo a todo el que me pregunta “cuál es tu disco favorito?”. Y mi respuesta siempre ha sido, “si sólo pudiese escuchar un disco en toda mi vida sería Youthanasia de los Megadeth. Y mira por donde que me lo pongo y… que fiasco. Un disco donde no se acaba de percibir que todos los instrumentos toquen juntos, como si se hubiesen grabado en países y años distintos. Donde las incisivas partes de guitarra no tienen el protagonismo que quisiera y la voz de Mustaine no acaba de engranar con los temas… En fin, que uno lo escucha y no acaba de imaginarse cómo serían los temas tocados en directo, con toda la carne en el asador. Dave Mustaine diría después que cierta lucha de egos le acabó quitando poder sobre el resultado final, que se enfocó a alcanzar el éxito comercial de su anterior LP Countdown to Extintion. Esto dicho por un tipo con el encanto del ácido clorhídrico da que pensar. Por comentar algún aspecto técnico, el disco se grabó con la afinación en Mi bemol  y en un estudio construido para la ocasión en Phoenix después de buscar sin éxito uno que satisficiese las exigencias de la banda. Mención aparte merecen los solos del incombustible Marty Friedman y el renombrado “A tout le mond” regrabado en fechas más recientes con Cristina Scabbia acompañando las voces con más o menos éxito según a quien le preguntes. Tampoco tiene desperdicio el riff de entrada  de Train of Consequences con ese palm- mute seco y rudo de Dave que a todos sus fans nos hace creer que hay un dios y que además es Heavy.

Quizás llevo tanto  tiempo centrado en el metal sureño y las viejas bandas como Lynyrd Skynyrd y Damn Yankees que el viejo Metal ya no me dice lo mismo de antes, pero una cosa os puedo asegurar: si sólo te llevas un disco a una isla desierta, acabarás hasta los huevos de él.

No dejéis en todo caso de descargar, o tanto mejor, comprar, mi amado Youthanasia. Un auténtico decálogo de 12 cortes de viejo y auténtico Metal. Si no lo disfrutáis a la primera, dadle unos años…

 

 
 

Youthanasia