| YO NO DIGO, YO MUESTRO (Entre Rohmer y Benjamín) |
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Son clarividentes sus concepciones del fascismo como teatro. La capacidad del fascismo de cautivar al pueblo alemán transformándose en teatro. Concentraciones nocturnas con antorchas, música hipnótica, estenografía e iluminación teatral, coreografía de masas. Teatro amplificado por los nuevos medios de comunicación: cine, noticiarios, radio, prensa, documentales. Coetzee introduce una nueva variación sobre el tema esbozado del fascismo como teatro … “¿Es la política como espectáculo realmente el centro del fascismo alemán, más que el resentimiento y los sueños de retribución histórica? Si (las demostraciones fascistas) Nuremberg era política estetizada, ¿por qué no considerar que los espectáculos organizados por Stalin el Primero de Mayo y sus juicios-espectáculo no eran también política estetizada? Si el genio del fascismo era borrar la línea entre la política y los medios de comunicación, ¿dónde está el elemento fascista en la política de los democracias occidentales, dirigida por los medios? ¿No hay acaso diferentes variedades de política estética?”. Apasionante el esfuerzo de Benjamín que encana en su Proyecto de los Pasajes, inspirado en los pasajes comerciales de París, con el que intenta realizar un montaje de textos fragmentarios que compusieran, en sus conexiones y cruces, una visión del capitalismo moderno. Dossieres, fetiches, mercancías, bajos fondos, oscuridad, el mercado como medida única de valor. Un proyecto empantanado en la indecisión, en los cambios de rumbo, en las críticas de aquellos que Benjamín considera como amigos, maestros, cuyo horizonte quedó en la frontera franco española. “No necesito decir nada. Simplemente mostrar”. Pocos días después topo con la noticia del fallecimiento de Eric Rohmer. Los periódicos destacan su forma de entender el acto cinematográfico de una manera que él mismo definió así: “Yo no digo, yo muestro”. Me adentro un poco más en el contexto del lema de Rohmer: “Lo que yo ”digo” no lo digo con palabras. Tampoco lo digo con imágenes (…) En el fondo, yo no digo, yo muestro. Muestro a individuos que hablan y se agitan. Esto es todo lo que sé hacer; pero ahí reside mi verdadero propósito; lo demás es literatura”. Walter Benjamín muere cuando Eric Rohmer inicia su trabajo como profesor de literatura, luego periodista, crítico de cine y cineasta. Vinculado a la Nouvelle Vague, junto a Chabrol, Truffaut, Godard, el cine de Rohmer esconde tras la simplicidad aparente, la transparencia de la imágenes y los diálogos, un realismos idealista que, en la distancia, conecta con el proyecto de los pasajes de Benjamín. Yo no digo, yo muestro. Toda una declaración que, salvadas las distancias generacionales, e incluso ideológicas, nos sitúa ante una manera apasionante de entender y vivir la cotidianeidad de nuestras vidas. Un proyecto de llegar a la verdad de nuestra época –en palabras de Coetzee- tras el que subyace un ideal que él encontró expresado en Goethe: presentar los hechos de tal forma que los hechos sean su propia teoría. (…) Una nueva forma de escribir sobre una civilización, utilizando como materiales sus desechos más que sus obras de arte: la historia desde abajo más que desde arriba. Y su llamada a una historia centrada en los sufrimientos de los derrotados, más que sobre los logros de los victoriosos. |
YO NO DIGO, YO MUESTRO (Entre Rohmer y Benjamín)
Francisco Javier López Martín
Maestro de profesión



